¡Eultreya! ¡Euseya!
Una mañana desperté de pronto y me dije: "Me voy a Santiago" y así empezó todo, muchos años atrás había oído hablar del Camino de Santiago, mi primer contacto con él fue la biografía de San Francisco de Asís, luego ya en mis años de juventud me volví a encontrar con el camino en los libros de Paulo Cohelo y claro ahora mismo imagino a alguno haciendo una mueca de reprobación, no puedo faltar a la verdad, un temporada de mi vida fui seguidora de sus libros y compre varios de sus títulos, pero como todo pasa en la vida, aquella fiebre también paso. Porque cuando te vas a aburrir de algo, el universo conspira para que así sea.
Recorrer el Camino de Santiago fue uno de los sueños de mi vida, me parecía tan lejano y tan imposible al mismo tiempo, que la sola idea me producía miedo y curiosidad. Tal vez para una persona que vive en España le puede parecer extraño que el sueño de la vida de alguien sea recorrer aquel camino tan antiguo como agreste, exponerse a las horas de frío, incomodidad, exceso de lluvia en primavera y exceso de calor en el verano. Pero para mi que vivo al otro lado del charco, si que era un sueño poder recorrer aquel camino y llegar a la ciudad donde descansan los restos del Apostol de la evangelización hispánica, no por nada en Latinoamerica existen tantas ciudades en honor a Santiago Apóstol.
Aquella mañana, salí de un salto de mi cama, fui hacia mi ordenador y empece a buscar toda la información que me fuera necesaria para emprender un viaje de tal magnitud. Revise muchas paginas, vídeos y blogs que hablaban de lo duro del camino, las condiciones de clima y las temporadas recomendadas para viajar, además de los costos aproximados de realizar dicho recorrido. Descubrí entonces que necesitaba entrenar para ganar fuerza física, además de comprar equipo adecuado que me permitiera cumplir con mi misión. Llame a mi amiga Jacqueline a la que conocía de la iglesia y que por alguna casualidad me había comentado que realizaba excursiones a la montaña y practicaba escalada en roca. Muy contenta, la contacte y le pregunte por sus actividades y como podría integrarme, le comente también que quería hacer un viaje y necesitaba prepararme, nunca le mencione el destino del viaje, de pronto ella me dijo: "Yo quisiera recorrer el Camino de Santiago", no lo podía creer, pues no se de muchas personas en Perú que sepan de la existencia de aquel camino. Me dijo además que tenia un libro que contenía los mapas del camino y que años antes se lo había regalado una persona que lo había recorrido. Me alegre mucho y le comenté que a mi también me gustaría hacer el recorrido, conversamos un rato y me dio la información de donde podría prepararme físicamente para hacer el viaje. Después de esto, estuve averiguando algunas cosas más, pero se presentaba el primer obstáculo, necesitaba al rededor de un mes para completar el camino desde la frontera de Francia con España hasta la ciudad de Finisterre donde marca el kilómetro 0.00 del camino, a la orilla del océano Atlántico. Trate de no desanimarme y continué con la tarea de seguir buscando información. En determinado momento empece a pensar que era una locura, iría hasta el otro lado del mundo ¿A buscar que? ¿Un milagro? pues sí, hace mucho tiempo en mi vida sentía que buscaba algo, pero no sabia que era lo que buscaba, pensaba que lo sabia, pero en verdad no tenia ni la menor idea, parecía todo un sin sentido, todos los días parecían iguales y las pequeñas ilusiones pronto perdían su color, volviendo a caer en la misma monotonía. Como una barco a la deriva en el ancho mar, no tenia claro hacia donde dirigir mi rumbo, no tenia idea de cual era el sur o el norte, solo me dejaba llevar por los eventos sin ninguna resistencia. ¿Cual era el objetivo de pasar tantos apuros he incomodidades? Además de gastar un dinero que no sobraba, empeñada en una aventura que parecía una locura de principio a fin. Por aquellos días tenia que viajar para cumplir con un compromiso familiar, así que aprovecharía este tiempo para madurar mejor la idea y como siempre que no estoy segura del rumbo a tomar, me dije:"Si tengo dos eventos más que me refieran a Santiago, será la confirmación de que iré bajo cualquier circunstancia". Claro ya los veo volteando los ojos, con cara de interrogante. Pero hay quienes lanzan una moneda, otros revisan su calendario, otros consultan a toda la familia y si es posible a la familia del vecino, leen los horóscopos, etc. Pero yo en particular espero que tres eventos aislados me refieran al tema que estoy evaluando. Estoy loca pensaran, pues un poco tal vez, finalmente, que aburrida es una vida tomada tan en serio. A todo ello se sumaba además, que requería aún del permiso de mi trabajo y tal hecho parecía muy incierto. Algunos días después, llegue a la casa de mi tía y en cuanto me vio, muy contenta me dijo: "Tengo algo que es para ti" fue para su habitación y me trajo un ejemplar de la revista "Selecciones" era del año 1965 y en la portada decía: "A Santiago, por el camino de la fe" mi mente no podía dar crédito a lo que mis ojos están viendo en aquel momento, sin hacer mayor comentario, recibí la revista y empece a creer que era posible. Por la tarde hable con mi jefe y le comente sobre mi idea de viajar, debo confesar que en el fondo de mi corazón temía que me dijeran que no, pero trate de explicar de la mejor manera posible los motivos de mi viaje. Por la noche me dedique a leer con gran interés la revista que había llegado a mis manos de aquel modo tan extraño. En el articulo se describía todas las dolencias y padecimientos de los peregrinos que siglos atrás habían realizado aquel recorrido, así como también mencionaba a grandes reyes, sabios, santos y hombres ilustres que en su época habían caminado en busca de una respuesta, una misión, la iluminación o el perdón de sus pecados. Me sentía embargada de emoción, era como si mis venas pudieran sentir la sangre correr nuevamente, mi existencia muerta hasta aquel momento, empezaba a tener vida una vez más. Muchas noches después de aquella noche, recostada en mi cama, soñaba despierta, imaginaba cada detalle, como seria cada día, los paisajes llenos de color y un calor extraño brotaba en mi pecho, muy tenue al inicio, casi imperceptible, pero poco a poco empezó a calentar con más fuerza.
Pasaban los días y la respuesta de mis jefes no llegaba, coincidió que por aquellas épocas, hubieron grandes lluvias que pusieron en alerta a los Estados Unidos, inundaciones, muchas perdidas humanas y materiales. Entendí que mi respuesta tardaría en llegar, pero no me desesperaba, tenia la extraña confianza de que en su momento todo se resolvería favorablemente y así fue, cerca de una semana después, confirmaron mi permiso. El gran viaje estaba en marcha.
El 2 de abril de 2018 aborde el avión que me llevaría a Madrid. Después de trece años volvía a viajar sola, tenia miedo, ya no recordaba como moverme sin compañía o sin un guía, los últimos 10 años había estado siempre protegida, con agendas organizadas e itinerarios de viajes planeados, las pocas veces que había salido del país, siempre había llegado del aeropuerto al hotel y de retorno el mismo tramite, sin enterarme absolutamente de nada, ni siquiera de los costos, no hacia las reservaciones, no contrataba los vuelos, no planeaba nada, me llevaban y me traían, como a un adorno, como a una maleta más. Me había vuelto totalmente incapaz de cuidar me mi, en una palabra, una inútil. A la mañana siguiente llegue a Madrid después de 12 horas seguidas de vuelo. Con las indicaciones que había leído por Internet trate de ubicar el terminal de donde tendría que abordar el bus que me llevaría a Burgos, donde Jacqueline me estaría esperando (Pues sí, finalmente ella también realizaría el recorrido como tanto había deseado en el pasado). Nunca había estado antes en Europa, por lo cual me sorprendió el tamaño del aeropuerto, me sentí como la primera vez que llegue a Lima. Todo era nuevo y descomunal. Pero ya había sobrevivido muchas veces a situaciones similares, así que con la certeza de saber que lo peor que me podría pasar era perderme, hice lo que siempre hago cuando no sé por donde iniciar, pregunte. Porque, preguntando se llega a Roma y como dicen en España: "De allí, es todo derecho".
No podría olvidar nunca la alegría que sentí al ver a mi querida Jacquie en el terminar de buses; Lo habíamos logrado, después de meses de planificación estábamos juntas en España. Ella había llegado una semana antes que yo. Y aquella mañana arribó a Burgos solo para esperarme. La ciudad nos recibió con una copiosa lluvia, como si supiera la alegría que me causaba el estar en un lugar tan significativo para mi ( El pueblo en el que nací conserva un Cristo que llegó en tiempos de la colonia desde España en circunstancia bastante extrañas. Es "El Señor de Burgos" y la ciudad fue consagrada a su protección y amparo, es parte importante de la tradición, por lo cual llegar a Burgos, era para mi un hito en mi vida). Ingresando a la ciudad pude ver la estatua en honor a Rodrigo Díaz de Vivar "El CID". Todo lo que había leído durante meses, ahora se materializaba frente a mí, caminamos por la calle principal y con un café iniciamos el planeamiento de la ruta para el día siguiente (Porque todo buen plan, no puede ni debe existir sin una taza de café). Aquella primera noche, un amable señor, ofreció acompañarme a mi hotel, pues como tantas veces en aquel viaje, nos perdimos entre las calles y allí inicio una de las confusiones que me acompañaría durante todo mi recorrido. El amable caballero, hizo su mejor esfuerzo por hablarme en ingles, mientras trataba de explicarme cual era el mejor camino para no volverme a perder, menuda fue su sorpresa, cuando le respondí en español, aún consternado me pregunto: ¿De que parte del Asia eres? a lo que respondí : "Soy peruana" y entonces se hecho a reír. Lejos de mi patria, donde nunca me he sentido de ningún lado en particular, descubrí que ni siquiera tenia la apariencia que se espera de alguien que es del Perú. Esta no sería la última vez que alguien cometiera la misma equivocación. Al día siguiente, nos despedimos de Burgos con tres grados de temperatura y nuestras mochilas rumbo a Santiago, nos aguardaban veinte días de camino por delante. Mi corazón estaba lleno, como ya no recordaba, empezamos a caminar y allí aprendí una de mis primeras lecciones, Jacquie me empezó a contar sobre el saludo tradicional del camino y en la tienda de recuerdos, donde compre mis guantes, recibí mi primer saludo de "¡Buen camino, peregrino!"
Debo decir que todos y cada uno de mis días recorriendo el camino fueron diferentes, claro está que algunos tienen un tinte especial en mi memoria. Como el día que llegamos a un pueblo con la esperanza de terminar allí nuestro recorrido y resulto que tuvimos que caminar 6 kilómetros más, pues el albergue comunitario se encontraba cerrado, pero como bien dicen: " Al mal paso, darle prisa". Llegamos al siguiente pueblo y allí encontramos un antiguo monasterio que había sido lugar de descanso para San Francisco de Asís cuando él recorrió el camino de Santiago al rededor de 800 años antes.
No tenia recuerdo de tanto dolor en el cuerpo, no podía dar pasos por mi sola y junto con Jacquie, nos apoyábamos la una a la otra, caminábamos con el paso de los vaqueros y casi sin flexionar las rodillas, fue muy gracioso vernos en esas. Al día siguiente, encontramos una pequeña iglesia, en su interior había una imagen de la Virgen de las Victorias, allí deje una vela encendida con mis plegarias, fue extraño pero cuando oraba, terminaba divagando en ideas que antes no habían llegado a mi mente y poco a poco al paso de los siguientes días, podría decir que el mensaje era casi audible, ya lo dicen por allí: "Si quieres hablar con Dios, ora. Pero si Dios te habla, es tal vez esquizofrenia". Al salir de la iglesia caminamos un poco hacia la plaza principal del pueblo. En el centro se podía ver una imagen de la Virgen Inmaculada, patrona de aquel lugar y en cuyo honor la ciudad había sido consagrada.
Algunos días después, salíamos muy temprano de Astorga, teníamos planeado caminar un poco más de 35 kilometros aquel día. La estación del año era primavera, pero en España resulto que el invierno permaneció por mas tiempo del esperado y fue uno de los inviernos más duros en 30 años que sufría Europa. No estaba preparada para enfrentar la nieve y mucho menos temperaturas tan bajas, llegamos a una pequeña ermita y allí ofrecimos nuestros dolores y así también nuestras oraciones, otros peregrinos hacían lo mismo y algunos solo se limitaban a observar con distancia, pero siempre con respeto. Saliendo de aquel lugar nos advirtieron que no podríamos llegar muy lejos, pues se avecinaba una tormenta de nieve y lo más seguro era quedarnos en un pueblo llamado Rabanal. Caminamos unos kilómetros más y llagamos al Ganso, un pequeño pueblo donde solo encontramos un bar abierto y como coincidencia de la vida, un músico local nos escucho conversar y pronto se acerco para contarnos que años atrás había vivido en el Perú, llevado de la ilusión por haberse enamorado de una peruana. La relación no había prosperado, pero tenia muy buenos recuerdos de nuestro país. Como una muestra de hospitalidad interpreto "La flor de la canela" para nosotras. Cuando uno esta fuera de la patria, todas las cosas tienen un sabor distinto y esta demás decir que el corazón se me encogió un poquito, pues sentí la distancia del hogar y pensé en los míos con una ligera nostalgia. Conversamos un rato con el dueño del lugar, quien confirmo lo que nos habían advertido antes, lo más recomendable era que nos detuviéramos en el siguiente pueblo, pues caminar durante una tormenta de nieve era muy peligroso y podíamos perdernos con facilidad. Muy a nuestro pesar decidimos quedarnos en Rabanal.
Jacqueline es una mujer muy decidida y apasionada en muchos sentidos, cuenta con una valentía excepcional, admiro de muchas maneras su forma tal alivianada de resolver los problemas. Ella no habría tenido problema en continuar con el trayecto a través de la tormenta de nieve, pero yo no soy tan osada como ella y prefería prevenir tales riesgos, por esto y algunas otras cosas más, me gane el sobre nombre de "La Señorita Prudencia". Nunca había caído en cuenta de tal característica en mi ser, además de mis formas al momento de tomar los alimentos, Jacquie siempre me regañaba por comer muy poco, dejar comida en el plato y las prolongadas pausas entre sorbo y sorbo de mi café. En muchas ocasiones la comida fue un punto de desacuerdo entre las dos, pues ella contaba las calorías, proteínas, niveles de sodio, etc, etc,etc y claro, yo me preocupaba de comer algo no solo saludable, sino también rico, pues me gusta disfrutar de la comida, por más simple que esta pueda ser. Podía ser muy condescendiente en muchas cosas, pero la cocina es para mi desde mucho, un espacio personal, allí no tengo compasión ni miramientos, soy estricta y tirana, me tomo el tiempo de cocinar a mi ritmo, cosa que a mi querida Jacquie le parecía una locura. La noche anterior habíamos tenido un mal momento por la forma correcta de preparar una tortilla, yo me esmere en explicarle porqué separaba la clara de la yema y lo importante del corte fino de las verduras, así como el batido de las claras antes de integrar todo, a lo que ella respondió: "Igual te lo vas a comer todo junto". No imagino la cara que debo haber puesto ante tal respuesta, pero durante la cena casi no cruzamos palabra, yo estaba absolutamente indignada. Afortunadamente la amistad pudo más que el orgullo y pronto nos reconciliamos.
Llegamos a Rabanal cerca de la una de la tarde y allí nos dispusimos a quedarnos hasta el día siguiente. De todos los lugares que visite durante mi viaje, puedo decir que el albergue de Rabanal fue uno de los cuales conservo uno de mis mejores recuerdos, fue el lugar donde puede ver por primera vez en mi vida caer la nieve tal como se ve en las películas, el albergue parecía una casa como la de los cuentos de hadas, asistimos a escuchar Laudes en la pequeña capilla benedictina del lugar y al rededor de las 7 de la noche de aquel día oímos una voz que pensamos no volver a escuchar nuevamente, era Dante, un joven de Brasil al que habíamos dejado días atrás con un grupo de otros muchachos bastante particulares. Minutos antes que ingresara Dante a la cocina, un peregrino que venia desde Oslo, se quejaba de la bulla que hacían los italianos y el exceso de afecto que se prodigaban. En cuanto Dante nos vio, gritamos los tres de emoción y alegría por volvernos a ver, nos abrazamos y compartimos todas las anécdotas y peripecias que habíamos cruzado antes de llegar a aquel lugar, para darnos cuenta, nuestras voces habían ahogado todas las demás en aquella habitación. No hay duda que los latinoamericanos somos muy ruidosos, en especial cuando juntas más de dos en un mismo lugar.
La mañana siguiente, uno de los puntos más importantes que tendríamos que cruzar en el camino seria la Cruz de Ferro. Por tradición los peregrinos llevan hasta allí una pequeña piedra, como símbolo de los pesares de la vida y las cargas que quisieran dejar al pie de la cruz, así como la vieira es un símbolo del inicio de una nueva vida. También cuenta la tradición que allí puedes pedirle a Dios te conceda una gracia o milagro en nombre del Santo Apóstol Santiago. Yo sabia muy bien lo que quería pedir, ese era para mi uno de los lugares más importantes del viaje, de rodillas ante la cruz pediría a Dios con todo el fervor de mi corazón mi milagro. Con mucha alegría y tarde, Jacquie, Dante y yo, fuimos los últimos en salir del albergue. Inicio muy bien el camino, el sol brillaba y aunque el tiempo refrescaba, era tolerable el frío. Caminamos a nuestro ritmo, sin muchas prisas, conversábamos de diferentes temas, por un momento de la vida, de los dolores familiares, de política, de música, de cosas tan triviales como las condiciones del clima, nuestros colores favoritos, el nombre de nuestras mascotas y claro de Dios. Dante no profesaba ningún tipo de religión, pero debo decir que nunca he conocido a un ser tan humano un verdadero ser humano, tenia una gran energía, la curiosidad de un niño y la capacidad de contagiar su fascinación por la vida en las personas que estuvieran cerca, parecía que siempre miraba todo con ojos de inocencia y estaba siempre pronto a ayudar a los demás (Durante el viaje, nos enteramos que un peregrino no tenia ropa de cambio, pues la aerolínea había perdido su maleta. Dante sin pensar, saco de su mochila las pocas prendas que tenia y le pido que tomara todo lo que necesitara, no reparo en lo inconveniente que esto le podría resultar o las incomodidades que él mismo pasaría, solo actuaba con la confianza de que Dios siempre proveerá. Acciones como estas las vimos con Jacquie muchas veces mientras compartimos su compañía y nos llevo a cuestionar nuestra propia medida de amor y fe) . Me preguntaba sobre muchos temas, ¿Por qué creía de tal o cual manera?, ¿Desde cuando? Quería saberlo todo. No podía evitar míralo como a un niño pequeño y como bien diría Corina él era "Un Angelo" (Un poco más adelante hablaré de Corina, pues su presencia en el camino me dejo una lección que he de recordar toda mi vida).
Llegamos a la cruz cerca del mediodía. Yo tenía conmigo las cartas de algunos amigos que me habían pedido lleve sus oraciones y peticiones hasta aquel lugar. Subí aquella pequeña colina de roca cubierta por la nieve; Al pie de la cruz, me arrodille cumplí con dejar las cartas, fotos y ofrendas que me habían sido encargadas. Allí de rodillas ante la cruz, la única oración que salió del fondo de mi corazón fue "Se ha terminado". Cerca de cuatro años después de haberme enfrentado contra las circunstancias que habían partido mi vida en un antes y un después, mi lucha había llegado a su final. Sentía como mi corazón roto, se volvía a quebrar una vez más por la desilusión de tener que aceptar la realidad que se cernía ante mis ojos (Es una cualidad de la verdad, ser revelada tarde o temprano, no importa cuanto nos resistamos). Sentí un gran dolor en el pecho, como si una mano arrancara con gran fuerza mi corazón y no dejara de tirar de él en ningún momento. El dolor fue tan fuerte que no podía contener mis lagrimas y con un grito ahogado lleve las manos a mi pecho, pues sentía que mi corazón no resistiría un momento más, el dolor era físico e insoportable. Jacquie que estuvo esperándome a que terminara de orar, me vio levantarme y bajar en estado aún de shock, abrió sus brazos y en un solo instante unió todas mis partes rotas, no dijo nada, solo sentí su cariño, en aquel lugar tan frío, tal lejano y tan extraño. Dante corrió hacia nosotras y nos abrazo al mismo tiempo. En aquel instante comprendí, que todo estaría bien, que nunca estaría sola, que hay amores que curan todos los dolores, que hay buenos amigos y familiares, que caminan contigo en las horas oscuras, que tal vez su presencia física no este, pero sus oraciones y su amor permanecen con nosotros. Lloré muy quedito, casi en silencio, pero era un llanto de paz y aceptación. Ahora no puedo recodar todos los dolores de aquel día, ni el frío, ni siquiera los kilómetros caminados. Lo que más recuerdo es que cuando bajamos de la Cordillera Cantábrica, mi mochila no parecía pesar, me sentía feliz, como en mucho tiempo no me había sentido, no tenia necesidad de nada, no pensaba en nada, solo caminaba y cantábamos mientras bajábamos, cambiábamos de letras a las canciones, nos reíamos y la vida no podía ser más simple y agradable. Era por fin libre.
Nos despedimos de Dante un día después y continuamos solas nuestro camino rumbo a Santigo de Compostela. Algunos días más tarde nos encontramos con Corina, nos pregunto por Dante y le contamos que nos habíamos tenido que separar en Ponferrada. Allí conversamos un momento mientras compartíamos un café en el bar del pueblo. Ella nos contó que años anteriores había sufrido algunas circunstancias muy duras en su vida. Pero que en determinado momento había decidido cortar con todo aquello que la había llevado a tal situación. Entonces había resuelto, que para que algo o alguien ingresará nuevamente a su vida tenia que ser bueno o era mejor nada y aunque no era una persona religiosa, había dicho: "¡Dio, è buono o niente!" Nos reímos a más no poder y en coro repetíamos una y otra vez "¡Dio, è buono o niente!" (Italianos y latinoamericanos, una mezcla muy ruidosa, pero divertida).
El 19 de Abril del 2018, llegamos a Santiago de Compostela, días antes de lo planeado. Ingresamos a la plaza de la ciudad cerca de las 6 de la tarde, cansadas, de hambre y sed, pero contentas; Estábamos allí, con los músculos que ya no podían más y las marcas de las correas en el cuerpo, por todos los días de haber llevado nuestras mochilas a la espalda, quemadas por el frió y el sol. Pero nada de ello importaba, habíamos llegado, habíamos cumplido con nuestro propósito, habíamos recorrido el camino de nuestra fe, el camino de retorno hacia nuestro propio centro.
Cuando ingrese a aquella iglesia, tan antigua y tan llena de historia, donde miles de peregrinos antes que yo habían dejado sus lagrimas y dolores, lo único que hice fue ir ante el santísimo sacramento, darle gracias a Dios por todo su amor y protección en todos los días de mi vida hasta aquel día y decir : "Acepto, todo ha terminado, es tu voluntad y yo confío"
Esa noche, dormí entre sabanas blancas después de muchas noches de haber dormido en una bolsa de dormir y puedo decir, que nunca disfrute tanto de tener una cama cómoda, sabanas limpias y una cobija. No le pedía nada más a la vida, pues todo estaba en orden una vez más. Citando a San Juan de la Cruz:
"En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡Oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada,
A oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada".
Y sí, mi casa, la casa de mi alma estaba al fin sosegada.
En algunas ocasiones de la vida nos olvidamos de quienes somos y nos perdemos, pero aquellos que nos quieren sinceramente nos ayudaran a recordarlo y volveremos al camino, algunos lento, otros más pronto, algunos tal vez al final, pero si tienes un amigo, un hermano o padres que te digan con sinceridad no solo lo bueno y lo bello, también aquello que no quisieras escuchar, agradece a Dios y a la vida, porque no hay precio para un tesoro tan valioso, pues aquel que realmente te ama, dirá la verdad ya sea dulce o amarga, será transparente y sabrás que puedes confiar en su rectitud, pues solo aquel que te ama se preocupará de no decorar la vida con el fin de que no sufras, pues el sufrimiento es un gran maestro, que nos pule para ser cada vez mejores, más humanos y sensibles al dolor de otros, por tanto, no nos privemos de los dolores huyendo o escondiéndonos de su lecciones, abracemos nuestro dolor y aprendamos a convivir en su compañía, pues permanecerá con nosotros hasta el último momento de nuestros días.
En este tiempo descubrí que no necesito de grades cosas, que el mejor regalo puede ser una canción, una palabra de animo , un abrazo, el que alguien cuente las calorías y las proteínas de tu comida, todos aquellos pequeños detalles que dicen sutilmente, te quiero y quiero que estés bien.
Gracias a todos aquellos que han estado conmigo, y a todos aquellos que ya nos están, por su amor, por lo que compartieron, por sus palabras, llamadas de atención, incluso a aquellos que en algún momento me pudieran hacer daño, pues Dios que es sabio y grande en todo aquello que hace, permite dolores temporales para el bien de nuestra alma.
Así como en el camino, sé que nuevos dolores vendrán, muchos amigos se irán y pronto otros llegaran, pero cada uno tendrá un lugar en el camino de mi vida.
Soy feliz y sé que la vida es solo un momento. Pues que este pequeño momento sea maravilloso, simple, tranquilo. Camino de paz.
¡Eultreya! ¡Euseya!
Pasaban los días y la respuesta de mis jefes no llegaba, coincidió que por aquellas épocas, hubieron grandes lluvias que pusieron en alerta a los Estados Unidos, inundaciones, muchas perdidas humanas y materiales. Entendí que mi respuesta tardaría en llegar, pero no me desesperaba, tenia la extraña confianza de que en su momento todo se resolvería favorablemente y así fue, cerca de una semana después, confirmaron mi permiso. El gran viaje estaba en marcha.
El 2 de abril de 2018 aborde el avión que me llevaría a Madrid. Después de trece años volvía a viajar sola, tenia miedo, ya no recordaba como moverme sin compañía o sin un guía, los últimos 10 años había estado siempre protegida, con agendas organizadas e itinerarios de viajes planeados, las pocas veces que había salido del país, siempre había llegado del aeropuerto al hotel y de retorno el mismo tramite, sin enterarme absolutamente de nada, ni siquiera de los costos, no hacia las reservaciones, no contrataba los vuelos, no planeaba nada, me llevaban y me traían, como a un adorno, como a una maleta más. Me había vuelto totalmente incapaz de cuidar me mi, en una palabra, una inútil. A la mañana siguiente llegue a Madrid después de 12 horas seguidas de vuelo. Con las indicaciones que había leído por Internet trate de ubicar el terminal de donde tendría que abordar el bus que me llevaría a Burgos, donde Jacqueline me estaría esperando (Pues sí, finalmente ella también realizaría el recorrido como tanto había deseado en el pasado). Nunca había estado antes en Europa, por lo cual me sorprendió el tamaño del aeropuerto, me sentí como la primera vez que llegue a Lima. Todo era nuevo y descomunal. Pero ya había sobrevivido muchas veces a situaciones similares, así que con la certeza de saber que lo peor que me podría pasar era perderme, hice lo que siempre hago cuando no sé por donde iniciar, pregunte. Porque, preguntando se llega a Roma y como dicen en España: "De allí, es todo derecho".
No podría olvidar nunca la alegría que sentí al ver a mi querida Jacquie en el terminar de buses; Lo habíamos logrado, después de meses de planificación estábamos juntas en España. Ella había llegado una semana antes que yo. Y aquella mañana arribó a Burgos solo para esperarme. La ciudad nos recibió con una copiosa lluvia, como si supiera la alegría que me causaba el estar en un lugar tan significativo para mi ( El pueblo en el que nací conserva un Cristo que llegó en tiempos de la colonia desde España en circunstancia bastante extrañas. Es "El Señor de Burgos" y la ciudad fue consagrada a su protección y amparo, es parte importante de la tradición, por lo cual llegar a Burgos, era para mi un hito en mi vida). Ingresando a la ciudad pude ver la estatua en honor a Rodrigo Díaz de Vivar "El CID". Todo lo que había leído durante meses, ahora se materializaba frente a mí, caminamos por la calle principal y con un café iniciamos el planeamiento de la ruta para el día siguiente (Porque todo buen plan, no puede ni debe existir sin una taza de café). Aquella primera noche, un amable señor, ofreció acompañarme a mi hotel, pues como tantas veces en aquel viaje, nos perdimos entre las calles y allí inicio una de las confusiones que me acompañaría durante todo mi recorrido. El amable caballero, hizo su mejor esfuerzo por hablarme en ingles, mientras trataba de explicarme cual era el mejor camino para no volverme a perder, menuda fue su sorpresa, cuando le respondí en español, aún consternado me pregunto: ¿De que parte del Asia eres? a lo que respondí : "Soy peruana" y entonces se hecho a reír. Lejos de mi patria, donde nunca me he sentido de ningún lado en particular, descubrí que ni siquiera tenia la apariencia que se espera de alguien que es del Perú. Esta no sería la última vez que alguien cometiera la misma equivocación. Al día siguiente, nos despedimos de Burgos con tres grados de temperatura y nuestras mochilas rumbo a Santiago, nos aguardaban veinte días de camino por delante. Mi corazón estaba lleno, como ya no recordaba, empezamos a caminar y allí aprendí una de mis primeras lecciones, Jacquie me empezó a contar sobre el saludo tradicional del camino y en la tienda de recuerdos, donde compre mis guantes, recibí mi primer saludo de "¡Buen camino, peregrino!"
Debo decir que todos y cada uno de mis días recorriendo el camino fueron diferentes, claro está que algunos tienen un tinte especial en mi memoria. Como el día que llegamos a un pueblo con la esperanza de terminar allí nuestro recorrido y resulto que tuvimos que caminar 6 kilómetros más, pues el albergue comunitario se encontraba cerrado, pero como bien dicen: " Al mal paso, darle prisa". Llegamos al siguiente pueblo y allí encontramos un antiguo monasterio que había sido lugar de descanso para San Francisco de Asís cuando él recorrió el camino de Santiago al rededor de 800 años antes.
No tenia recuerdo de tanto dolor en el cuerpo, no podía dar pasos por mi sola y junto con Jacquie, nos apoyábamos la una a la otra, caminábamos con el paso de los vaqueros y casi sin flexionar las rodillas, fue muy gracioso vernos en esas. Al día siguiente, encontramos una pequeña iglesia, en su interior había una imagen de la Virgen de las Victorias, allí deje una vela encendida con mis plegarias, fue extraño pero cuando oraba, terminaba divagando en ideas que antes no habían llegado a mi mente y poco a poco al paso de los siguientes días, podría decir que el mensaje era casi audible, ya lo dicen por allí: "Si quieres hablar con Dios, ora. Pero si Dios te habla, es tal vez esquizofrenia". Al salir de la iglesia caminamos un poco hacia la plaza principal del pueblo. En el centro se podía ver una imagen de la Virgen Inmaculada, patrona de aquel lugar y en cuyo honor la ciudad había sido consagrada.
Algunos días después, salíamos muy temprano de Astorga, teníamos planeado caminar un poco más de 35 kilometros aquel día. La estación del año era primavera, pero en España resulto que el invierno permaneció por mas tiempo del esperado y fue uno de los inviernos más duros en 30 años que sufría Europa. No estaba preparada para enfrentar la nieve y mucho menos temperaturas tan bajas, llegamos a una pequeña ermita y allí ofrecimos nuestros dolores y así también nuestras oraciones, otros peregrinos hacían lo mismo y algunos solo se limitaban a observar con distancia, pero siempre con respeto. Saliendo de aquel lugar nos advirtieron que no podríamos llegar muy lejos, pues se avecinaba una tormenta de nieve y lo más seguro era quedarnos en un pueblo llamado Rabanal. Caminamos unos kilómetros más y llagamos al Ganso, un pequeño pueblo donde solo encontramos un bar abierto y como coincidencia de la vida, un músico local nos escucho conversar y pronto se acerco para contarnos que años atrás había vivido en el Perú, llevado de la ilusión por haberse enamorado de una peruana. La relación no había prosperado, pero tenia muy buenos recuerdos de nuestro país. Como una muestra de hospitalidad interpreto "La flor de la canela" para nosotras. Cuando uno esta fuera de la patria, todas las cosas tienen un sabor distinto y esta demás decir que el corazón se me encogió un poquito, pues sentí la distancia del hogar y pensé en los míos con una ligera nostalgia. Conversamos un rato con el dueño del lugar, quien confirmo lo que nos habían advertido antes, lo más recomendable era que nos detuviéramos en el siguiente pueblo, pues caminar durante una tormenta de nieve era muy peligroso y podíamos perdernos con facilidad. Muy a nuestro pesar decidimos quedarnos en Rabanal.
Jacqueline es una mujer muy decidida y apasionada en muchos sentidos, cuenta con una valentía excepcional, admiro de muchas maneras su forma tal alivianada de resolver los problemas. Ella no habría tenido problema en continuar con el trayecto a través de la tormenta de nieve, pero yo no soy tan osada como ella y prefería prevenir tales riesgos, por esto y algunas otras cosas más, me gane el sobre nombre de "La Señorita Prudencia". Nunca había caído en cuenta de tal característica en mi ser, además de mis formas al momento de tomar los alimentos, Jacquie siempre me regañaba por comer muy poco, dejar comida en el plato y las prolongadas pausas entre sorbo y sorbo de mi café. En muchas ocasiones la comida fue un punto de desacuerdo entre las dos, pues ella contaba las calorías, proteínas, niveles de sodio, etc, etc,etc y claro, yo me preocupaba de comer algo no solo saludable, sino también rico, pues me gusta disfrutar de la comida, por más simple que esta pueda ser. Podía ser muy condescendiente en muchas cosas, pero la cocina es para mi desde mucho, un espacio personal, allí no tengo compasión ni miramientos, soy estricta y tirana, me tomo el tiempo de cocinar a mi ritmo, cosa que a mi querida Jacquie le parecía una locura. La noche anterior habíamos tenido un mal momento por la forma correcta de preparar una tortilla, yo me esmere en explicarle porqué separaba la clara de la yema y lo importante del corte fino de las verduras, así como el batido de las claras antes de integrar todo, a lo que ella respondió: "Igual te lo vas a comer todo junto". No imagino la cara que debo haber puesto ante tal respuesta, pero durante la cena casi no cruzamos palabra, yo estaba absolutamente indignada. Afortunadamente la amistad pudo más que el orgullo y pronto nos reconciliamos.
Llegamos a Rabanal cerca de la una de la tarde y allí nos dispusimos a quedarnos hasta el día siguiente. De todos los lugares que visite durante mi viaje, puedo decir que el albergue de Rabanal fue uno de los cuales conservo uno de mis mejores recuerdos, fue el lugar donde puede ver por primera vez en mi vida caer la nieve tal como se ve en las películas, el albergue parecía una casa como la de los cuentos de hadas, asistimos a escuchar Laudes en la pequeña capilla benedictina del lugar y al rededor de las 7 de la noche de aquel día oímos una voz que pensamos no volver a escuchar nuevamente, era Dante, un joven de Brasil al que habíamos dejado días atrás con un grupo de otros muchachos bastante particulares. Minutos antes que ingresara Dante a la cocina, un peregrino que venia desde Oslo, se quejaba de la bulla que hacían los italianos y el exceso de afecto que se prodigaban. En cuanto Dante nos vio, gritamos los tres de emoción y alegría por volvernos a ver, nos abrazamos y compartimos todas las anécdotas y peripecias que habíamos cruzado antes de llegar a aquel lugar, para darnos cuenta, nuestras voces habían ahogado todas las demás en aquella habitación. No hay duda que los latinoamericanos somos muy ruidosos, en especial cuando juntas más de dos en un mismo lugar.
La mañana siguiente, uno de los puntos más importantes que tendríamos que cruzar en el camino seria la Cruz de Ferro. Por tradición los peregrinos llevan hasta allí una pequeña piedra, como símbolo de los pesares de la vida y las cargas que quisieran dejar al pie de la cruz, así como la vieira es un símbolo del inicio de una nueva vida. También cuenta la tradición que allí puedes pedirle a Dios te conceda una gracia o milagro en nombre del Santo Apóstol Santiago. Yo sabia muy bien lo que quería pedir, ese era para mi uno de los lugares más importantes del viaje, de rodillas ante la cruz pediría a Dios con todo el fervor de mi corazón mi milagro. Con mucha alegría y tarde, Jacquie, Dante y yo, fuimos los últimos en salir del albergue. Inicio muy bien el camino, el sol brillaba y aunque el tiempo refrescaba, era tolerable el frío. Caminamos a nuestro ritmo, sin muchas prisas, conversábamos de diferentes temas, por un momento de la vida, de los dolores familiares, de política, de música, de cosas tan triviales como las condiciones del clima, nuestros colores favoritos, el nombre de nuestras mascotas y claro de Dios. Dante no profesaba ningún tipo de religión, pero debo decir que nunca he conocido a un ser tan humano un verdadero ser humano, tenia una gran energía, la curiosidad de un niño y la capacidad de contagiar su fascinación por la vida en las personas que estuvieran cerca, parecía que siempre miraba todo con ojos de inocencia y estaba siempre pronto a ayudar a los demás (Durante el viaje, nos enteramos que un peregrino no tenia ropa de cambio, pues la aerolínea había perdido su maleta. Dante sin pensar, saco de su mochila las pocas prendas que tenia y le pido que tomara todo lo que necesitara, no reparo en lo inconveniente que esto le podría resultar o las incomodidades que él mismo pasaría, solo actuaba con la confianza de que Dios siempre proveerá. Acciones como estas las vimos con Jacquie muchas veces mientras compartimos su compañía y nos llevo a cuestionar nuestra propia medida de amor y fe) . Me preguntaba sobre muchos temas, ¿Por qué creía de tal o cual manera?, ¿Desde cuando? Quería saberlo todo. No podía evitar míralo como a un niño pequeño y como bien diría Corina él era "Un Angelo" (Un poco más adelante hablaré de Corina, pues su presencia en el camino me dejo una lección que he de recordar toda mi vida).
Llegamos a la cruz cerca del mediodía. Yo tenía conmigo las cartas de algunos amigos que me habían pedido lleve sus oraciones y peticiones hasta aquel lugar. Subí aquella pequeña colina de roca cubierta por la nieve; Al pie de la cruz, me arrodille cumplí con dejar las cartas, fotos y ofrendas que me habían sido encargadas. Allí de rodillas ante la cruz, la única oración que salió del fondo de mi corazón fue "Se ha terminado". Cerca de cuatro años después de haberme enfrentado contra las circunstancias que habían partido mi vida en un antes y un después, mi lucha había llegado a su final. Sentía como mi corazón roto, se volvía a quebrar una vez más por la desilusión de tener que aceptar la realidad que se cernía ante mis ojos (Es una cualidad de la verdad, ser revelada tarde o temprano, no importa cuanto nos resistamos). Sentí un gran dolor en el pecho, como si una mano arrancara con gran fuerza mi corazón y no dejara de tirar de él en ningún momento. El dolor fue tan fuerte que no podía contener mis lagrimas y con un grito ahogado lleve las manos a mi pecho, pues sentía que mi corazón no resistiría un momento más, el dolor era físico e insoportable. Jacquie que estuvo esperándome a que terminara de orar, me vio levantarme y bajar en estado aún de shock, abrió sus brazos y en un solo instante unió todas mis partes rotas, no dijo nada, solo sentí su cariño, en aquel lugar tan frío, tal lejano y tan extraño. Dante corrió hacia nosotras y nos abrazo al mismo tiempo. En aquel instante comprendí, que todo estaría bien, que nunca estaría sola, que hay amores que curan todos los dolores, que hay buenos amigos y familiares, que caminan contigo en las horas oscuras, que tal vez su presencia física no este, pero sus oraciones y su amor permanecen con nosotros. Lloré muy quedito, casi en silencio, pero era un llanto de paz y aceptación. Ahora no puedo recodar todos los dolores de aquel día, ni el frío, ni siquiera los kilómetros caminados. Lo que más recuerdo es que cuando bajamos de la Cordillera Cantábrica, mi mochila no parecía pesar, me sentía feliz, como en mucho tiempo no me había sentido, no tenia necesidad de nada, no pensaba en nada, solo caminaba y cantábamos mientras bajábamos, cambiábamos de letras a las canciones, nos reíamos y la vida no podía ser más simple y agradable. Era por fin libre.
Nos despedimos de Dante un día después y continuamos solas nuestro camino rumbo a Santigo de Compostela. Algunos días más tarde nos encontramos con Corina, nos pregunto por Dante y le contamos que nos habíamos tenido que separar en Ponferrada. Allí conversamos un momento mientras compartíamos un café en el bar del pueblo. Ella nos contó que años anteriores había sufrido algunas circunstancias muy duras en su vida. Pero que en determinado momento había decidido cortar con todo aquello que la había llevado a tal situación. Entonces había resuelto, que para que algo o alguien ingresará nuevamente a su vida tenia que ser bueno o era mejor nada y aunque no era una persona religiosa, había dicho: "¡Dio, è buono o niente!" Nos reímos a más no poder y en coro repetíamos una y otra vez "¡Dio, è buono o niente!" (Italianos y latinoamericanos, una mezcla muy ruidosa, pero divertida).
El 19 de Abril del 2018, llegamos a Santiago de Compostela, días antes de lo planeado. Ingresamos a la plaza de la ciudad cerca de las 6 de la tarde, cansadas, de hambre y sed, pero contentas; Estábamos allí, con los músculos que ya no podían más y las marcas de las correas en el cuerpo, por todos los días de haber llevado nuestras mochilas a la espalda, quemadas por el frió y el sol. Pero nada de ello importaba, habíamos llegado, habíamos cumplido con nuestro propósito, habíamos recorrido el camino de nuestra fe, el camino de retorno hacia nuestro propio centro.
Cuando ingrese a aquella iglesia, tan antigua y tan llena de historia, donde miles de peregrinos antes que yo habían dejado sus lagrimas y dolores, lo único que hice fue ir ante el santísimo sacramento, darle gracias a Dios por todo su amor y protección en todos los días de mi vida hasta aquel día y decir : "Acepto, todo ha terminado, es tu voluntad y yo confío"
Esa noche, dormí entre sabanas blancas después de muchas noches de haber dormido en una bolsa de dormir y puedo decir, que nunca disfrute tanto de tener una cama cómoda, sabanas limpias y una cobija. No le pedía nada más a la vida, pues todo estaba en orden una vez más. Citando a San Juan de la Cruz:
"En una noche oscura
con ansias en amores inflamada
¡Oh dichosa ventura!
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada,
A oscuras y segura
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
a oscuras y en celada
estando ya mi casa sosegada".
Y sí, mi casa, la casa de mi alma estaba al fin sosegada.
En algunas ocasiones de la vida nos olvidamos de quienes somos y nos perdemos, pero aquellos que nos quieren sinceramente nos ayudaran a recordarlo y volveremos al camino, algunos lento, otros más pronto, algunos tal vez al final, pero si tienes un amigo, un hermano o padres que te digan con sinceridad no solo lo bueno y lo bello, también aquello que no quisieras escuchar, agradece a Dios y a la vida, porque no hay precio para un tesoro tan valioso, pues aquel que realmente te ama, dirá la verdad ya sea dulce o amarga, será transparente y sabrás que puedes confiar en su rectitud, pues solo aquel que te ama se preocupará de no decorar la vida con el fin de que no sufras, pues el sufrimiento es un gran maestro, que nos pule para ser cada vez mejores, más humanos y sensibles al dolor de otros, por tanto, no nos privemos de los dolores huyendo o escondiéndonos de su lecciones, abracemos nuestro dolor y aprendamos a convivir en su compañía, pues permanecerá con nosotros hasta el último momento de nuestros días.
En este tiempo descubrí que no necesito de grades cosas, que el mejor regalo puede ser una canción, una palabra de animo , un abrazo, el que alguien cuente las calorías y las proteínas de tu comida, todos aquellos pequeños detalles que dicen sutilmente, te quiero y quiero que estés bien.
Gracias a todos aquellos que han estado conmigo, y a todos aquellos que ya nos están, por su amor, por lo que compartieron, por sus palabras, llamadas de atención, incluso a aquellos que en algún momento me pudieran hacer daño, pues Dios que es sabio y grande en todo aquello que hace, permite dolores temporales para el bien de nuestra alma.
Así como en el camino, sé que nuevos dolores vendrán, muchos amigos se irán y pronto otros llegaran, pero cada uno tendrá un lugar en el camino de mi vida.
Soy feliz y sé que la vida es solo un momento. Pues que este pequeño momento sea maravilloso, simple, tranquilo. Camino de paz.
¡Eultreya! ¡Euseya!

Hola Lily me encantó tu relato.. muy personal, muy vívido! sigue escribiendo por favor.. tienes dotes para compartir... Solo una sugerencia (no puedo quitarme el estigma de docente): no te confíes solo del F7 (corrección ortográfica) del Word.. no se da cuenta de los acentos diacríticos que diferencian 'cómo' de 'como' por ejemplo, o los tiempos en pasado (amé en vez de ame). Así que, una vez termines de escribirlo y pasarle el F7, revísalo nuevamente... jejejeej.
ResponderBorrarMuchas gracias, me alegra poder compartir y aprender, tomaré en cuenta lo sugerido.
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