Adiós, muchachos
Adiós muchachos, compañeros de mi vida,
Barra querida de aquellos tiempos.
Me toca a mí hoy emprender la retirada
Debo alejarme de mi buena muchachada.
Así comienza aquel tango, que en otrora encandilo a los
jóvenes del ayer. Que verdad contienen sus letras, pues a todos nos llega el
momento de la retirada. Aquel momento que en nuestros años mozos vemos tan lejano.
Como aquellos eventos que le suceden al resto de la humanidad, menos a
nosotros. En nuestra vanidad y soberbia, pensamos que aquel día nunca
llegará, nos distraemos con los afanes del mundo y las promesas vanas de la
superficialidad.Títulos, diplomas, honores, fiestas, rencores, resentimientos,
pasiones, poder. Colman nuestro tiempo y vivimos como si nunca la vida se nos fue acabar. De pronto, un día, cuando menos lo sospechas, esta frente a ti.
La realidad ineludible de la fragilidad de la vida humana, como si despertaras
de un sueño, el sopor no te permite asimilar los eventos. De un momento a otro, como quien borra de las páginas de la vida
a un personaje. El plumazo del creador pone fin a nuestra existencia.
Conocí al tío Manuel hace algunos años atrás, y desde el
primer momento me recibió en su casa con los brazos abiertos y sus modales
de caballero antiguo. Siempre tan propio, siempre tan culto, con un comentario amable y
una fina galantería, galantería de aquella que hoy ya no quedan rastros. Hombre muy distinguido, inteligente y cálido como pocos en
este mundo. Como olvidar los almuerzos de domingo en su casa, las largas
tertulias y las atenciones que prodigaba a todos aquellos que llegaban para
compartir.
Sus
interminables historias de viajes por el mundo, libros, poemas, filosofía,
arte, música y su gusto por los vinos españoles. Aunque en su corazón siempre
favoreció a los vinos Argentinos. Tal vez porque de muy joven, dejando su
pequeña ciudad viajo a aquellas tierras lejanas para realizar los sueños de su juventud.
No podía existir conversación alguna donde él no recordará a su
querida Argentina, aquel país que lo acogió a mediados del siglo pasado, cuando
era apenas un joven imberbe, que llevaba una maleta llena de sueños e
ilusiones.
Se dice muy rápido, pero el eco de su significado es tan hondo "La vida, es un tango". Al pasar de los años se deslucen los diplomas, las glorias pierden su brillo, los recuerdos quedan y solo somos dueños de lo vivido; de un momento a otro, ya la vida no es más que solo anécdotas contadas una y otra vez, sombras tenues, de un tiempo, que en nuestra memoria fue mejor.
Se dice muy rápido, pero el eco de su significado es tan hondo "La vida, es un tango". Al pasar de los años se deslucen los diplomas, las glorias pierden su brillo, los recuerdos quedan y solo somos dueños de lo vivido; de un momento a otro, ya la vida no es más que solo anécdotas contadas una y otra vez, sombras tenues, de un tiempo, que en nuestra memoria fue mejor.
Adiós tío Manuel, a donde vas hay muy buenos amigos, donde continuaran las tertulias con la muchachada. Tal vez, aquel cielo añorado, sea como la Argentina de tus recuerdos o como el pequeño pueblo
de tu niñez. Aquel pueblo de vientos fuertes y café negro. Donde Daniel Alomía Robles rindió homenaje al vuelo del cóndor y el Pilko Mozo aun duerme, el sueño encantado que lo convierto en piedra para siempre.
Adiós, muchacho, adiós.

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