El camino hacia mí




Caminante, son tus huellas
el camino y nada mas;
Caminante, no hay camino, 
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás,
se ve la senda que nuca 
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en el mar.

Autor: Antonio Machado


En mi vida he tenido muchos sueños como todas las personas, el sueño de navegar por el Amazonas, ver una función de Circo del Sol, viajar a Europa y muchos otros más que no me alcanzaría a enumerar.

Pero de entre todos ello existe uno que decidí hacer realidad en algún momento de mi vida como una certeza determinada, ese tipo de sueños que unos sabe que no se quedará en solo un sueño más, no sabemos cómo o cuando ni la forma en que lo realizaremos, solo tenemos la certeza que así será. Finalmente ese momento ha llegado.

Iniciaré el Camino a Santiago de Compostela y muchos dirán:

¿Qué es eso?
¿Qué de importante tiene?
¿Dónde es?
¿Cómo es?
¿Para qué sirve?

Pues bien, la historia de mi sueño por recorrer el camino inicia cuando era niña y tenía una colección de biografías donde alguna vez leí la biografía de Santa Teresa de Ávila, reformadora del Carmelo y San Francisco de Asís. Me impactaron tanto que su huella ha permanecido indeleble en mi corazón a pesar del tiempo transcurrido.

Debo decir que quede enamorada de la Oración de la Paz y hasta el día de hoy es una de mis oraciones favoritas, curiosamente en estos últimos años he descubierto en esta oración una belleza que sin determinados eventos no se puede apreciar.

No hay duda que nuestra visión del mundo cambia conforme la vida pasa y nosotros transitamos a través de ella.

Estas biografías relataban las peregrinaciones, los martirios de los santos, sus penitencias y algo que impacto mucho mi mente de niña, fue leer que sus corazones habían sido incendiados de amor.

A mis escasos nueve años debo decir que no me imaginaba que el amor pudiera incendiar nuestro corazón y hacer que se consumiera en una llama inextinguible.

Ese fue el primer contacto que tuve con el Camino de Santiago, algunos años después llego a mis manos un libro de Paulo Cohelo. A la fecha no recuerdo bien el titulo pues debo confesar a pesar mío, que por una época de mi vida fui adicta a sus libros y compre muchos de sus títulos.

Nuevamente el Camino de Santiago aparecía en mi vida como una tarea pendiente a ser realizada.  Pero, ya no era una niña pequeña, tenía por aquel tiempo unos veinte abriles y mi corazón se volvió a emocionar con la idea de hacer el recorrido de aquel camino que había sido testigo de tantos milagros y prodigios.

Pero como todo pasa en la vida y muchas veces ponemos los sueños en un lugar que no nos estorben, porque tenemos cosas más importantes que hacer, o no tenemos los medios suficientes y un largo etcétera. Lo deje allí en un rincón de mis pendientes para cuando "tuviera tiempo".

Una lección que aprendí por estos años, es que el tiempo perfecto no existe. Nunca se juntaran todos los eventos para que algo sea perfecto, debemos tomar la decisión de hacer algunas cosas en el momento que se presente la oportunidad o simplemente no lo haremos.

Desde el momento que tome la decisión de hacer este anhelado viaje al día de hoy han transcurrido algunos meses y puedo decir que la llama del ánimo inicial ha sido reemplazada por la perseverancia en afinar los detalles del viaje, los ejercicios físicos preparatorios, la compra de indumentaria adecuada para el camino, la lectura sobre las rutas, albergues, alimentación y toda información que pueda ayudarme a realizar con total éxito mi empresa.

También he conocido a personas que ya realizaron la travesía y me ha llenado de información, así como buenos deseos.

Dios mediante, en algunos meses estaré en España, recorriendo aquel camino que colmo mi corazón de alegría y prodigo tantas ilusiones a mi imaginación en los años de infancia. 

Pues nada más parecido a la vida, que un camino de peregrinos. Hasta el próximos post y: “Buen camino, peregrino”


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